¿Cómo utilizar la calefacción sin que se dispare la factura?

¿Cómo utilizar la calefacción sin que se dispare la factura?

Este 2018 ha comenzado con temperaturas muy bajas, incluso nieve en numerosos puntos de la Península Ibérica. Es en estos momentos cuando los sistemas de calefacción funcionan a pleno rendimiento y se encarece la factura energética.

El uso que las personas hagan de su sistema de calefacción puede ayudarles a ahorrar energía sin renunciar al confort gracias a estas recomendaciones.

  1. Regular la calefacción a 21 grados durante el día

Durante el día se recomienda regular la calefacción a 21 grados centígrados, ya que se considera una temperatura adecuada y confortable dentro del hogar sin que se dispare el consumo de calefacción. Hay que tener en cuenta que por cada grado centígrado extra se consume aproximadamente un 7 por ciento más de energía.

 

  1. No mantener la calefacción encendida por la noche si no es necesario

Si durante el día se ha mantenido encendida la calefacción y la vivienda dispone de un aislamiento térmico adecuado, es posible que pueda apagarse por la noche. La recomendación es que, durante la noche, cuando las personas permanecen acostadas y abrigadas, las estancias pueden permanecer a 15-17 grados centígrados.

 

  1. Ventilar con la calefacción apagada

Para ventilar, se aconseja hacerlo por la mañana antes de que se encienda la calefacción. Para renovar completamente el aire de una habitación es suficiente abrir las ventanas unos diez minutos.

 

  1. Las válvulas termostáticas y termostatos ayudan a ahorrar energía

Según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE) se puede ahorrar entre un 8 y un 13% de energía colocando válvulas termostáticas en los radiadores, o termostatos programables que permitan variar la temperatura en función de las necesidades de cada estancia según la hora del día.

En sistemas de calefacción central, el ahorro energético tras instalar válvulas termostáticas y repartidores de coste puede alcanzar el 35%.

  1. Evitar dejar la calefacción encendida a plena potencia si la vivienda está vacía

Algunas personas consideran que conviene dejar la calefacción encendida en su ausencia para encontrarse la casa caldeada a su vuelta. Sin embargo, se recomienda evitar este tipo de comportamiento y reducir la posición del termostato a 15ºC (posición “economía” de algunos termostatos), si se ausenta por unas horas.

 

  1. Un buen mantenimiento de la caldera es fundamental

Durante todo el año, en las instalaciones colectivas, un buen mantenimiento preventivo y correctivo evita que la calefacción falle cuando más se necesita.

En el caso de calderas individuales, un mantenimiento adecuado de la caldera ahorra hasta un 15 por ciento de la energía.

 

  1. Los radiadores siempre limpios

Cuando los radiadores están sucios, el aire contenido en su interior dificulta la transmisión de calor desde el agua caliente al exterior. Este aire debe purgarse al menos una vez al año, al iniciar la temporada de calefacción. En el momento que deje de salir aire y comience a salir sólo agua, estará limpio.

 

  1. Los radiadores deben estar libres de obstáculos

Para que se difunda de manera adecuada el aire caliente, los radiadores no deben obstaculizarse con muebles, cortinas o cubre radiadores.

 

  1. Cerrar las persianas y cortinas ayuda a conservar el calor

Cerrar las persianas y cortinas durante la noche evita pérdidas de calor. Durante el día, abrirlas para dejar que entre la luz del sol puede ayudar a templar la vivienda.

 

  1. Adecuarse a las circunstancias

Un aspecto clave a la hora de regular la calefacción es tener en cuenta que las necesidades de calor no son las mismas en el durante el día (la temperatura aumenta gradualmente desde que amanece hasta las horas centrales), ni en todas las estancias de la vivienda.

En las habitaciones que se utilicen de día (zona de día) la temperatura deberá ser mayor que en los dormitorios (zona de noche).

 

  1. Un buen aislamiento térmico es fundamental para no derrochar energía

Por último, conviene destacar que, por muy eficiente que sea el sistema de calefacción, sin un buen aislamiento térmico las pérdidas provocarán que haga falta un mayor volumen de energía para alcanzar la temperatura deseada.

Y es que las viviendas mal aisladas térmicamente consumen más energía puesto que en invierno se enfrían rápidamente y en verano se calientan más y en menos tiempo.

¿Por dónde se escapa el calor?

  • Por la cubierta (tejado) exterior del edificio. Por eso los áticos son en general más fríos en invierno y calurosos en verano.
  • En los muros que separan las viviendas y en zonas comunes contiguas.
  • Por ventanas y acristalamientos. Y por marcos y molduras de ventanas.
  • Por tuberías y otros conductos, chimeneas…
  • En los cajetines de las persianas enrollables sin aislar.

Pequeñas mejoras en el aislamiento pueden conllevar ahorros energéticos y económicos de hasta un 30% en calefacción y aire acondicionado.

 

 

 

FUENTES: IDAE, Remica

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